A PROPÓSITO DE CABALLOS Y COCHEROS…





No es raro encontrar en los dispensarios de frutas o en los estantes de alimentos, una que otra y tal vez muchas unidades dañadas, sin que eso indique por ejemplo, que todas las manzanas o todas las naranjas, papas y cebollas, por nombrar solo esas especies, estén en igual situación. Aunque es lógico suponer, que las probabilidades de hallar más unidades dañadas, aumente en razón a una mayor cantidad. 




Valga este ejemplo para aclarar que, el comportamiento inadecuado de cualquier individuo perteneciente a un grupo con intereses y desempeños afines, no significa que este sea el ¨modus operandi¨ del resto de sus integrantes. Por eso, cuando hacemos juicios de valor sobre alguien en particular, el mismo no puede traducirse en un indicador para medir la conducta general de los demás y menos aun, satanizar la labor de aquellas personas que dentro del grupo, actúan con apego y respeto en el cumplimiento de su deber. Es decir, no debemos ni podemos medir la conducta de unos y otros, con el mismo rasero. En lenguaje criollo, la conseja recomienda, “no meter a todos en un mismo saco”. 

Aprovechemos entonces este espacio, para referirnos de manera específica a la tertulia, controversia y desencuentro, que se ha venido dando entre el sector de los defensores de los animales (los llamados cocheros) y las autoridades distritales de Cartagena. 

En este sentido  empecemos diciendo que, el uso de carruajes de tracción animal, ha estado históricamente muy arraigado y ligado a la idiosincrasia del cartagenero. Solo basta recordar que en el pasado reciente, algunas funerarias en Cartagena  usaban este sistema como furgón mortuorio, así como también en “fábricas de hielo Lequerica” para la distribución y venta del producto en carretas de tracción animal, para hacer mudanzas o para la venta del carbón y en otras actividades laborales del día a día. Corriendo el riesgo que se me tilde de anquilosado en el pasado o retrógrado, debo señalar que el icono más representativo de esta actividad de tracción animal en Cartagena, han sido los famosos  “Paseos en Coches”, los cuales están vinculados a una rancia cultura y costumbre cartagenera, al punto de haberse convertido en una de las atracciones más importantes para el turista, así como una referencia en la nomenclatura del centro amurallado, como es la Plaza de los Coches.  

Coherente con los planteamientos anteriores, me sumo a los que critican y reprochan la conducta de aquellos cocheros que, siendo más ¨animales¨ que los propios animales, les propician castigos y atentan contra la vida de los caballos que se emplean en aquella actividad. Pero pecaríamos de objetividad y seriamos injustos, si dejamos de reconocer que no son todos los operarios de esta actividad laboral y como dice el refrán, no pueden “pagar justos por pecadores”. Debemos advertir, que muchos de ellos, por no decir todos,  dependen de este ingreso económico para el sustento de la carga familiar.

Los defensores del NO al maltrato animal (entre los que me incluyo), no podemos establecer como condición ¨sine qua non¨ o punto de honor, la eliminación de los “Paseos en Coche”, porque éstos son un “patrimonio de los cartageneros” y como tal, una expresión de identidad de la ciudad. Tampoco se trata de alimentar ante la opinión pública, la indisposición y/o la estigmatización de los que ejercen a cabalidad la función de “cocheros”, sino más bien de conciliar formas más humanas en el trato de estos equinos.  En este sentido, con la participación de los representantes de los cocheros, la “sociedad protectora de animales” y autoridades distritales con pertinencia en el caso que nos ocupa, se deben buscar fórmulas que propendan a la regulación de la actividad (paseos en coche) y condicionen el comportamiento de los propios operadores (cocheros). Así por ejemplo, los que ejerzan la función de cocheros deben cumplir con ciertos requisitos en cuanto a conocimiento y trato a los animales (caballos), los caballos empleados en la actividad, deben ser de y hasta una determinada edad y su permiso debe quedar supeditado a un certificado que garantice su control médico-veterinario. La estructura de los coches no debe sobrepasar las dimensiones (tamaño y peso) normales (ahora los han agrandado), el número de pasajeros no debe exceder cupo de un taxi normal (4 personas) y como ya se ha establecido, la actividad debe ser a partir de y hasta una determinada hora y debe sectorizarse, además de hacerse rotativa (unos en el Centro Amurallado y otros en Bocagrande, Castillo Grande y viceversa).

Lo que no podemos hacer, es seguir estigmatizando esta actividad laboral, cuando nos hacemos indiferentes con el pésimo y grosero comportamiento de algunos choferes del transporte público y de algunos moto-taxistas.  

Twitter: @OrlandoPereiraB 

Comentarios

Elisa Sierra ha dicho que…
Hola. Tenías abandonados a tus lectores. Excelente artículo, muy bien escrito, con conocimiento de causa, buena información y buen léxico. Felicitaciones!!